Publicado el — Deja un comentario

Noche de leyendas | Con Guillermo Barrantes

Se hizo de noche en el Festival y aparece el público que le gustan los cuentos de terror y las leyendas. ¡Pero a nosotros nos da miedo!

En esta actividad el escritor Guillermo Barrantes nos trae relatos ambientados con una decoración especial. Está auspiciada por editorial Quipu.

Es una actividad donde se encontrarán a usto tanto niños como adultos escuchando cuentos, mitos y leyendas de todo el mundo.

Guillermo Barrantes es escritor, guionista, investigador y realizador audiovisual. Trabajó como guionista de la serie de Disñey «Tierra Incógnita». Ha publicado numeros libros, entre ellos «Cuentan que ocurrió una noche fantasmal», «Cuentan que ocurrió en una noche de brujas», «Guardianes de la memoria», «El temponauta Enrique Enríquez y el secreto de San Martín», «A Kaia no le gusta la guerra», todos con Editorial Quipu.

Publicado el — Deja un comentario

Tango al Plato

Tango al plato es un grupo musical que recrea temas con la atmósfera tanguera. Es un proyecto que comenzó en pandemia con artistas invitados y editando luego en el 2022 un disco llamado Bello. En el 2024 pudiendo armar una banda para tocar en vivo se presentaron en el Teatro Italiano, en Caprichos, la Escuela de Actividades Culturales y ahora en el festival del libro.

Publicado el — Deja un comentario

Tiburón punk

Leandro Gajate es chacabuquense, y es el cantante de Koufequin, una de las bandas de mayor atractivo y frescura para las infancias y toda la familia a nivel nacional.

Es docente de inicial, animador de fiestas infantiles y clown. En esta oportundiad nos trae un show que reúne todas sus facetas y que promete ser uno de los mayores atractivos del Festival.

Publicado el — Deja un comentario

“Literatura Nacional en Redes Sociales”

Hablaremos sobre cómo es crear contenido literario en redes y cómo es reseñar y promocionar títulos de autores nacionales para ayudarlos en su difusión.

Aye y Fiore con creadoras de contenido literario y coordinadoras del taller de lectura «Modo Intensa».

Son expresión de lo que conocemos como comunidad «bookstagramer» y con ellas el Festival tiende una mano a esta comunidad que promueve a autores nacionales y también acerca la literatura a amplios grupos, principalmente de jóvenes.

-Aye (https://www.instagram.com/neleyabooks?igsh=enFxaDFjNHduc3Rr )

-Fiore (https://www.instagram.com/buenascitasarg?igsh=aTNiNDVieTZpODNz )

Publicado el — Deja un comentario

Karen Zárate: lecturas de La complicidad de los cuerpos

Una de las autores locales que particpó del Recital de Lectura que se hizo en el Festival del Libro 2023 fue Karen Zárate. Nacida en Chacabuco, es licenciada en Comunicación Social, graduada de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Desde los dieciocho años se ha desempeñado en redacción, producción y labor periodística. Actualmente se dedica a la creación de contenidos y a la lectura editorial.

Autora de La complicidad de los cuerpos (2019, Bärenhaus) y de En la memoria habito (2021, Bärenhaus). Su trilogía literaria Eterna Clara (2018; 2019), fue declarada de interés legislativo por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires (2020). Sú última novela, Quere(r)me así se publicó este mes por Del Fondo Editorial. Comparte sus escritos y recitados en Instagram: @karenm.zarate

Los versos que compartió en el Recital fueron de su poemario ilustrado La complicidad de los cuerpos y puede conseguirse en las librerías de Cúspide y Yenny, y en la tienda online de la editorial (Bärenhaus). En Chacabuco se consiguen en Didácticos Estudio y Martín Fierro.

Publicado el — Deja un comentario

Clara Obligado: «Cuando uno planta un jardín está haciendo un acto de confianza en el futuro»

(Por Emilia Racciatti) La escritora Clara Obligado no solo no le escapa a la incomodidad sino que se la apropia para escribir y pensar su oficio como argentina radicada en España, donde llegó exiliada durante la última dictadura militar, y desde ese lugar escribió «Todo lo que crece», su más reciente libro, al que llama «ensayito» y lo define como un texto en espejo con el anterior «Una casa lejos de casa», ya que en los dos están el desarraigo y el arraigo como constructores de identidad.

«Uso la primera persona para que la gente no me diga esto no es así. De esta manera no necesito justificarme porque es lo que me pasó a mí», dice la autora en diálogo con Télam en un hotel del centro de la Ciudad de Buenos Aires a horas de haber aterrizado en su país natal, al que viene muy seguido.

Esta vez la excusa es la presentación de «Todo lo que crece», editado por Páginas de espuma, el tercer libro que escribió en el encierro de la pandemia. Ese tiempo la encontró en una casa con jardín en el pueblo español Extremadura y alejada de los viajes y dispuesta a condensar en este trabajo reflexiones sobre el vínculo naturaleza y escritura.

«Quien escribe recicla los recuerdos, se apropia de los restos, los revive, los corrige. Historias a punto de germinar que liberan su contenido y nutrientes, su peculiar nitrógeno, convirtiendo el pasado en materia orgánica. Como motor de estas fantasías también actúa la ciencia», escribe en este libro la ganadora del premio Femenino Lumen por su novela «La hija de Marx».

Con rodeos, hipótesis y conjeturas, Obligado se inmiscuye en los paralelismos entre naturaleza y escritura, ya que los dos necesitan de la paciencia, el asombro y la conciencia de la idea de proceso para ser abordados. «Escribir es arraigar en el aire», dice en este trabajo dividido en dos partes, Sur y Norte, en las que infancia y adultez se tocan a través de la memoria de los aromas y los colores de las plantas, los árboles y las flores.

-Télam: Está claro que el libro empieza en el inicio de la pandemia, pero ¿cuándo decidiste que había terminado?

-Clara Obligado: Siempre tengo proyectos muy claros. En este caso fue parte del efecto pandemia, escribí tres libros y lo estoy pagando. Uno es «Una casa lejos de casa» que lo publiqué aquí y un ensayo gemelo que es este. Uno es sobre literatura y extranjería y el otro es sobre naturaleza y escritura. Uno se teje en el otro. En uno se da cuenta de la pérdida de la tierra y en el otro de una manera de enraizar en el planeta. Quizá la pérdida de la tierra es una amplificación de lo que nos pasa.

-T: Hay muchas reflexiones sobre qué implica escribir pero no tanto desde definiciones cerradas sino más desde la pregunta, la indagación. ¿Por qué te interesaba pensar la escritura desde el rodeo?

-C.O.: Yo lo llamo ensayito y digo que es una escritura femenina en el sentido no de su sexo sino de su visión del mundo. Es una línea de ensayos que trabajan sobre todo muchas escritoras, donde las ideas no se cierran, son algo que se comparte y en un punto, se sigue pensando. El ensayo masculino parte de una hipótesis abstracta y llega a otra que afirma algo y también es abstracta. El femenino parte de cosas muy concretas como puede ser la tierra, la escritura, tu habitación para llegar a algo abstracto pero puesto en duda.

-T: En un momento te preguntás: «¿Por qué la literatura prestigia la muerte antes que la vida? ¿Por qué se consideran heroicas las batallas, y no los partos?». ¿No tiene un poco que ver con esa mirada que señalás?

-C.O.: Siempre me llamó la atención como se habla tanto de morir y tan poco de nacer. Quizás porque es una aventura femenina. Todas las que tenemos hijos sabemos el cambio vital que es tener un hijo. Por qué hablamos de unas cosas y no de otras es una pregunta que me suelo hacer.

-T: ¿Cómo es el trabajo con los editores de un libro tan personal?

-C.O.: Cuando entrego un libro no permito que me cambien ni una coma. Si me dicen algo que entiendo, bueno, pero es muy difícil que lo entienda. Trabajo mucho la escritura, corrijo un libro no menos de 100 veces. Es un libro muy personal pero también cuestiona la primera persona porque si mirás los dos ensayos son dos personas distintas. En el primer caso no hay sexualidad, acá hay alusiones muy tímidas a eso. Hay cosas que no quiero contar. De mi pareja actual no hablo casi nunca y de mis hijas hablo poquito. Es un yo inventado, donde todo es verdad pero en el fondo es inventado. Me parece divertido trabajar el yo literario porque siempre mentimos sobre nosotros mismos.

-T: El exilio, el desarraigo y la vida en España para nada idealizada, complejizada. Contás lo que te costó instalarte en España y ahora hay generaciones nuevas que emigran a España. ¿Cómo es ese vínculo? ¿Te relacionás con ellos?

-C.O.: Recibo migrantes, no solo argentinos sino latinoamericanos en general. El concepto de mundo ha cambiado mucho en los últimos años. Es muy habitual que un chico se vaya unos años a vivir a otro país y mirar el tuyo desde afuera. Es muy saludable, como así también entender que la migración es un proceso muy duro, no es fácil.

Tengo muchos amigos jóvenes entonces en un punto no engancho del todo con mi generación. Me gustan los jóvenes, su estupor frente a la vida.

Estaba leyendo la respuesta a la Academia de la Lengua de María Teresa Andruetto a quien justamente conocí ahora en México. ¡Cómo nos parecemos! Hay un punto en que hay que responder a esta tentación española de dominio sobre nosotros. No soy nacionalista. Es un libro que abre una manera de mirar al mundo global.

-T: ¿Qué te aportó la escritura en ese proceso de arraigo en España?

-C.O.: El lugar, yo estoy bien en Madrid. Los madrileños se ocupan de hacerme notar todos los días que yo no soy de Madrid. Yo quiero a España, hace 47 años que vivo ahí pero todos los días me dicen «ah, argentina». El dato de ser extranjera va a estar presente toda mi vida entonces actuó en consecuencia. Por ejemplo, cuando publiqué el otro libro defendí que también tenía que ver mi incomodidad de ser argentina. Hoy fui a una librería y no estaba en «literatura argentina». Ese lugar incómodo, de clavel de aire es la modernidad también.

-T: Las casas tienen un lugar central en el ensayo. Y fue el jardín de una casa el que inspiró y albergó la escritura de este libro.

-C.O.: Me encantan los jardines. Ahora estuve con una amiga en México, su madre es una galerista, una mujer con sentido artístico brutal y está con alzhéimer. Pensaba «esta mujer ha plantado todo esto como si fuese un libro y lo está olvidando también». Cuando uno planta un jardín está haciendo un acto de confianza en el futuro porque sabe que va a haber muchas cosas que no va a ver en ese jardín. En cierta forma es como tener un hijo también porque uno dice el destino va por otra parte.

-T: ¿Qué te aportó la pandemia a la escritura de este libro?

-C.O.: Me llevó a vivir dos años en Extremadura, en un pueblo. Creo que, si somos sinceros, a los escritores la pandemia nos ayudó. Con todo lo absurdo que es decir eso porque la pandemia fue terrorífica pero me dio tiempo para escribir, me hizo no viajar y me dio tiempo de escribir tres libros en un año.

Trabajé por Zoom, las clases funcionaron muy bien, y trabajé en el campo, siguiendo un ritmo de naturaleza que todo mi vida había querido hacer: estar más de un año en el campo.

-T: ¿La quietud te acercó, te trajo a la naturaleza?

-C.O.: En este tema hay mujeres escritoras del Nature writing norteamericanas, inglesas, anglosajonas con una manera de contar muy parecida al ensayo. En ese sentido pienso en Tamara Kamenszain, en Josefina Ludmer. Leo naturalmente mujeres porque me interesan más. Cuando me intereso por un libro, en el 80%de los casos está escrito por una mujer. Soy ecologista desde hace años y la tala de los bosques, el monocultivo de la soja son temas que de pronto entraron en la agenda y son la batalla que tenemos que dar. La batalla política es importante pero la verdadera hoy es la ecológica.

Publicado el — Deja un comentario

Reseña | El lugar donde mueren los pájaros

Entre la tristeza y el borde de la locura

En “El lugar donde mueren los pájaros” (publicado en noviembre del 2017 bajo la editorial Fiordo) Tomás Downey, perteneciente a la nueva narrativa argentina, nos presenta esta antología, de 122 páginas, de cuentos que van desde temas tan cotidianos como un abuelo demandante que accidentalmente muestra su debilidad, a una visita al zoológico mostrando la crueldad que sufren los animales a manos de las personas, o la vida en constante bucle de la viuda de un soldado de guerra. Conocemos también a una madre que, con tal de terminar su trabajo, es capaz de dejar a un bebé encerrado en el balcón, o la historia de tres preadolescentes haciendo un ritual para salvarse de su padre.

La obra está organizada por temas, pero de una manera peculiar: son diez relatos y cada uno posee una contraparte. El primer relato nos presenta a tres hermanas preadolescentes haciendo un ritual para deshacerse de su padre y el último relato vuelve a tocar el tema de tres hermanas y un hecho paranormal. En “El primer sábado de cada mes” y “Un ramo de cardos” los ejes son hombres de mediana edad y la trama tiene su desarrollo en un ambiente cotidiano. En “Zoológico” y en “Los täkis” el eje es, al diferencia del resto de cuentos, una criatura en lugar de personas, en el primero nos muestra su sufrimiento mientras que en el último nos enseñan a estos extraterrestres “embobando” a los humanos. En “Los hombres van a la guerra” y “La piel sensible” la trama gira entorno al duelo de dos jóvenes chicas por sus parejas fallecidas. Por último, tenemos en “Variables” y “Cementerio de palmera” cuentos sobre mujeres y sus obsesiones, la primera con las planillas, y la segunda con la muerte de un niño en una telenovela. A pesar de que cada historia tiene una especie de “hermana”, ninguna se siente igual a la otra, todas tienen su propia esencia, algo que las diferencia del resto.

El autor nos sumerge en historias que parecen cotidianas, como en el cuento que da nombre al libro, para al final dejarnos helados. Como dijo Mariana Enríquez: “Un narrador sólido, con un control notable pero capaz de momentos de intensa locura”.

En esta antología Downey nos deslumbra con unos relatos intrigantes y atrapantes y cada un wa único en su forma, el autor sabe llevar un buen ritmo durante toda la obra sin aburrir. Aunque, se debe de decir, no todos son igual de buenos, por ejemplo “El primer sábado de cada mes” y “Un ramo de cardos” al ser cuentos que ocurren en un ambiente más cotidiano, se vuelven menos interesantes que el resto y no parecen tener un clímax, el punto máximo de tensión, como si ocurre con el relato que le da nombre al libro: “El lugar donde mueren los pájaros”.

Este último, es de destacar entre todos los relatos, aquí vemos a dos hermanas que se han ido de vacaciones a la costa con sus padres y su hermanita bebé recién nacida, quien está constantemente llorando. En esa ciudad las niñas no tienen mucho para hacer, pero un día encuentran un lugar donde aparecen siempre pájaros muertos. Deciden que van a ir todos los días a enterrar a todas las aves. Al principio el lector cree que va hacer como la historia anterior “El ramo de cardos”, una historia cotidiana de hermanas que hacen algo raro para no aburrirse, pero luego todo toma un giro y Downey nos sumerge en un momento de tensión y miedo que incluso nos impide dar vuelta esa última página para conocer el desenlace.

Aunque el autor sabe tenernos al borde del miedo, también conoce cómo ponernos vulnerables con toques fantásticos, por ejemplo con “Los hombres van a la guerra” y “La piel sensible”. En ambos vemos a dos jóvenes lidiando con la muerte de sus novios. Mientras que en la primera nuestra protagonista vive en una contante rutina de tomar té mientras lee y siempre es interrumpida por dos militares anunciando la muerte heroica de su pareja y otorgándole una daga como recuerdo de este. En el segundo tenemos a una joven que es perseguida por la presencia de su novio fallecido de cáncer, tan presencial, sin decir nada y hacer nada, está impidiéndole tener una vida, continuar sin él.

Downey nos deleita con estos diez relatos y en ningún momento pierden el ritmo o se vuelven aburridos. Con su mezcla de lo cotidiano, lo fantástico y el terror con toques de ciencia ficción crea una obra realmente disfrutable y nos deja con ganas de leer más de él.

Por Florencia Olaechea
Estudiante del profesorado de inglés.

Publicado el — Deja un comentario

Bebé Vampiro | Ocho relatos sobre hechos de un mundo habitado por la literatura

La idea de que las historias de ficción  que se cuentan más como autobiográficas que como ficción, me resultan insípidas, no voy a negarla. De hecho me gustaría no saber que sobre las influencias autobiográficas para creerme que el escritor hizo un poco más que escribir de forma bonita algún hecho de su vida. 

Cuando comencé a leer Bebé vampiro (Concreto; 2020) no tenía idea con qué me iba a encontrar y eso creo, es bueno. Tampoco voy a negar que me dejé atrapar por un título que ronda lo fantástico y eso despertó curiosidad.  A las pocas páginas, específicamente al terminar el primer relato “Best friends forever” ya había entrado en un universo literario del que poco me interesaba salir. Lejos de lo fantástico, el inicio del libro explora la amistad arrasada por la distancia y el silencio de dos niñas de segundo grado.

“Vivi entró al colegio en segundo grado. Ella era china y yo, judía. No había en todo el grado otro chino u otro judío, así que, sin mediar palabras, sobre todo porque ella no podía pronunciar ninguna, nos hicimos amigas.”

Los ocho cuentos son pequeños hechos del mundo habitados por la literatura. En “Los sábados de antes” nos encontramos con la muerte de la madre de una amiga. El velorio, invadido por el sonido del mundial de fútbol, se convierte en un episodio de recuerdo. El frío de julio capaz de aplazar cualquier sensación en duelo. 

“Montón de vereda” explora el suspenso, la narración es una habitación oscura y agradable donde la historia avanza. Un grupo de chicas aceptan ir a la peluquería de un desconocido. Entre lo extraño y el impulso hay también espacio para la desesperación. 

Nadine Lifschitz nació en Buenos Aires y estudió Artes audiovisuales. Es guionista y escritora. En un artículo para Infobae contó cómo fue el proceso de escritura de este libro . Allí dice que  “casi como una forma de exorcizar ciertos descuidos, seguía insistiendo con que mi vida y la literatura se mezclaran, la receta también tomaba la forma de la tercera persona, y descubrí en ella la distancia necesaria para habitar ciertas voces.” 

La incorporación que la escritora hace de su vida al plano literario sólo influencia una parte de la historia, volviendo al relato verosímil, pero también resaltando la sensación de haber vivido esos momentos. Esto se debe al logro de lo que ella llama, entiendo: habitar ciertas voces. Otro punto a favor es que Nadine recoge de su entorno personas para volverlas y entenderlas como personajes. Y a esto me refiero cuando digo que me gusta no percibir al libro como diario de la vida del escritor, sino como una obra literaria. Sentir el espacio que tira entre lo que pasó y lo que leo para quedarme palpando, gustosamente, la ficción.
Nadine lo logra.

“Bebé vampiro” es el último cuento y el que da nombre a la totalidad de la obra. La autora dice que “relata la sensación de encierro, soledad, angustia, miedo, felicidad, confusión y amor, que se viven los primeros días después de parir, y cómo lo hubieran vivido otras madres que no fui pero que me hubiera gustado ser, o que creía que debería haber sido o que soñaba con no ser nunca.”

Como escribe y describe Cecilia Fanti en la contratapa: “en los cuentos de Bebé Vampiro lo quebrado está a la vista y brilla. La narrativa de Nadine explora con pulso, piedad y humor zonas amargas, ocultas y condenadas.”. Este sentido es parte del libro pero también está condensado en el cuento “Manos frías”, sin dudas, uno de mis favoritos.

Por Ariana Trompino

Publicado el — Deja un comentario

La oscuridad sobre la isla | Dolores Claiborne, un vuelco de liberación

Por Andrés Russo

Acerca de lo poderoso y literariamente conveniente de situar una historia en una isla, sea del tesoro, misteriosa, de un ermitaño o de un extraño doctor, ya nos han convencido Stevenson, Verne, Defoe y Wells, respectivamente. Stephen King puede añadirse a la lista. Para que el agregado a semejante plétora de titanes literarios resulte plausible el lector intelectual debe, al menos por un momento, abandonar sus prejuicios sobre el maestro del terror contemporáneo. El hombre que desde Nueva Inglaterra ha cautivado al mundo, con una obra impactante y que, es verdad, alberga por momentos un brillo dispar. Laiseca, que no puede ser tildado de inhábil, señalaba que habría que poder escribir un par de cientos de páginas como hace King, con notable facilidad y eficacia, para luego poder criticarlo como banal, frívolo, efectista o meramente comercial. Esto último es lo que menos suelen perdonarle a Stephen King: su descomunal éxito. No es un demérito que en una obra que lleva medio siglo vendiendo millones de ejemplares quepan los momentos virtuosos, que contribuyeron a definir los temores de varias generaciones, y también los desaciertos estéticos. En cualquier caso, King no deja a nadie indiferente. En mi caso me convertí en un lector de su obra siendo ya un adulto. Sin embargo, no necesité leer King para que el payaso Pennywise fuese la cifra de mis miedos de infante. La latente presencia de lo innominado, de aquello a lo que, a lo sumo, se lo puede nombrar como «eso» («It«) es una presencia que permanece viva como todos los temores atávicos que atraviesan, atemporalmente, lo humano. La figura del payaso se bosqueja en el borde entre lo atractivo y lo siniestro, lo familiar y lo extraño. King es un gran sociólogo popular. Pocos escritores han logrado tal grado de influencia en nuestra vida cotidiana.

Hay otros personajes no menos icónicos que el célebre payaso como lo son la atormentada Carrie White (encarnada por Sissy Spacek en el célebre film Carrie de Brian De Palma); el alcohólico con ínfulas de gran escritor Jack Torrance (inmortalizado por Jack Nicholson en El resplandor de Stanley Kubrick) y la enfermera y abnegada fanática Annie Wilkins (consagrada en la inolvidable interpretación de Kathy Bates en Misery). Entre todas estas creaciones hoy quiero destacar la muy sólida novela Dolores Claiborne publicada en 1992 que, acaso, sea de los trabajos de King que dejan satisfecho por igual tanto a sus lectores incondicionales como a los que lo leen con recelo. La novela, como suele suceder con muchísimos de los títulos de King, fue llevada al cine en 1995 preservando el título en su idioma original (en español se la puede encontrar como Eclipse total) y cuenta en el papel de Dolores con Kathy Bates, pero a diferencia de lo que sucedió con Misery, la película resulta algo fallida, aunque siempre es recomendable apreciar el soberbio talento de una actriz que, como Nicholson o Hopkins, ha logrado pulir la locura hasta convertirla en una obra de arte de consumo masivo.

Little Tall es una isla ficticia que King sitúa en su estado natal, Maine, al que conoce y sabe aprovechar como nadie. La trama es, de alguna manera, la autobiografía de Dolores Claiborne, tal su nombre de soltera, o Dolores St. George si consideramos el de casada. El juego es pertinente, ya que buena parte de esta novela trata acerca de la búsqueda de una mujer por ser ella misma; por ser, a secas, Dolores. Autobiografía porque así puede ser leída, pero es, en rigor, una visceral confesión que la protagonista realiza frente a las autoridades de la isla, que siempre han sospechado, con buenas razones, que Dolores tenía cuentas que saldar con la ley. ¿Con qué ley?, ¿por qué ofensas? Dolores es una mujer que fue indiferente para la justicia cuando fue ella la víctima, pero que es señalada y perseguida cuando su vida y la de su hijos, en especial la de Selena, se ven amenazadas. Selena es una adolescente que a lo largo de los muchos años que la novela cubre se convertirá en una adulta que se alejará de la isla y, por ende, de su madre, pero que es central para entender las motivaciones e infatigables luchas de Dolores a lo largo de los años. ¿Qué más necesitamos para entender a Dolores? Bastante, no es una mujer simple a pesar de su limitada educación y de que precozmente se haya visto casada con Joe St. George, a quien en algún momento amó como solamente puede amarse un gran acierto o un gran error, para dar a luz, siendo aún muy joven, a la tan especial Selena. La falta de dinero condiciona al matrimonio St. George y lleva a Dolores a trabajar como doméstica en la casa de la mujer más temida de Little Tall, la implacable Vera Donovan. La típica señora de pueblo: altanera, severa, despiadada, rica y necesitada de la aprobación de un marido que siempre la ignoró. La tensa relación entre Dolores y Vera, que abarca décadas, recorre un amplio espectro que va desde lo siniestro y opresivo hasta lo desopilante y lo compasivo. Ambas mujeres construyen un sostén mutuo, en el que cada cual carga un considerable caudal de frustraciones, más allá de las notables diferencias sociales. Hay puntos de convergencia en todas las vidas, por más disímiles que parezcan. Vera Donovan intentó ser libre y no sabemos hasta qué punto lo consiguió, mientras que Dolores consiguió su libertad y la de Selena, pero debió pagar un precio considerable por ello. Tan grande fue ese precio que tuvieron que pasar treinta años y algunos trágicos sucesos para que Dolores pudiera hablar acerca de lo que todos sospechaban. Ella convertirá el rumor en verdad, aclarando los tantos con el pueblo y con ella misma. ¿Y con Selena? Hará el valiente intento, una vez más. Dolores Claiborne posee la tenacidad de los derrotados que no admiten su condición y que la alimentan a fuerza de necedad. La composición de estos elementos arroja un personaje que oscila entre lo trágico y lo grotesco. Dolores, empecinada como es, no aceptaría esta precaria disección.

Hay un instante en el que una vida puede dar un vuelco de liberación. Un eclipse solar y uno de los afilados comentarios de Vera Donovan fue lo que Dolores Claiborne necesitó para comenzar una nueva vida: “La ley es algo genial, ¿verdad, Dolores? Y que un hombre malo tenga un mal accidente también es algo genial a veces.” Verdad que lo es. Todo lo demás que necesitan saber, que es ni más ni menos que la articulación precisa de los acontecimientos, está en la novela.

King no puede (ni tampoco debería) escribir como otro. No es Lovecraft, no es Poe, es él mismo, que suele ser lo más difícil de lograr. El terror sobrenatural es el subgénero más infravalorado en la historia de la literatura. Poe triunfó porque su producción fue temáticamente diversa y fundacional para varios géneros. Lovecraft ganó su prestigio a medida que lo extraño se hizo un lugar en la cultura contemporánea, pero no fue un éxito en vida. En definitiva, el prosista de lo raro siempre se expone a una crítica feroz e inmediata. La prosa, en general, gana o pierde en los primeros rounds. King suele buscar con rapidez el knockout. Lo consigue muchas veces en base a técnicas que ha ensayado y perfeccionado con el tiempo. Si se copia a sí mismo lo hace muy bien, porque siempre hay algo fresco en sus textos. Sabe mantenerse fuera del pozo (¡lea la novela y entenderá!). Debe ser muy duro subirse al ring contra la mejor versión de uno mismo. Aceptemos con generosidad el resultado de semejante lucha.

Si quieren ver  “Dolores Claiborne” o “Eclipse total” doblada en castellano les dejamos el siguiente link de fácil y seguro acceso: https://ok.ru/video/1450372500222. También pueden ver el trailer, pero solo está disponible en inglés.

Trailer: