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| Dimensiones | 20 × 20 × 5 cm |
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$30.500
Poner a los científicos en contra de un «publico dispuesto a creer lo que sea» al que hay que mantener a distancia es un desastre político. «Los que saben» se convierten en los pastores de un rebaño entendido como necesariamente irracional. Una parte de ese rebaño parece hoy en efecto haber perdido el sentido común. Pero ¿no es porque ha sido humillado empujado a hacer causa común con lo que mas enloquece a sus pastores? Y los otros los indóciles y rebeldes que se activan para hacer germinar otros mundos posibles son tratados como enemigos. Si la ciencia es una «aventura» – según la expresión del filosofo Whitehead- estamos también ante un desastre científico porque los científicos necesitan de un medio que rumie (que diga «si… pero») o resiste u objete. Cuando el sentido común se vuelve enemigo el mundo se empobrece la imaginación desaparece. Allí podría estar el rol de la filosofía: hacer la soldadura entre la imaginación y el sentido común reactivándolo y civilizar una ciencia que confunde sus logros con la consumación del destino humano. El mundo ha cambiado desde los tiempos de Whitehead. La debacle ha sucedido a la decadencia que según él caracterizaba «nuestra» civilización. Hoy tendremos que aprender a vivir sin la seguridad de nuestras demostraciones a consentir un mundo que se volvió problemático en el que ninguna autoridad tiene poder de arbitrar en el que hay que aprender a hacer sentido común.
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